La Evolución de las Gafas Graduadas

Las gafas graduadas son uno de esos objetos que pese al avance de las tecnologías tendemos a dar por sentado. A pesar de que muchos atribuyen su invención a Benjamin Franklin, lo cierto es que las gafas graduadas hicieron su aparición mucho antes, usando como lentes, cristales de cuarzo hasta que se consiguió el método para producir cristal sin burbujas. Las primeras referencias datan del s. XIII.

Cien años después se crearon los primeros armazones para sujetar las gafas usando como apoyo las orejas y el puente de la nariz. Es por tanto obvio que Franklin no inventó las gafas, pero sí que ideó las lentes bifocales a mediados de los años 70 del s. XIX, que corregían los dos problemas de visión que padecía con una sola lente. La calidad de vida mejoró drásticamente con la invención de las gafas graduadas, y la llegada de las lentes de contacto fue un importante paso adelante en esa área. A día de hoy disponemos de la tecnología láser para corregir problemas de visión en pocos minutos y de forma permanente. Benjamin Franklin estaría maravillado si conociera estos avances.

Las gafas de sol siempre tuvieron una estrecha relación con la moda. Su aparición podemos situarla en 1752, cuando James Ayscough desarrolló unas gafas con cristales verdes y defendió sus propiedades para descansar la vista. A principios del s. XX la producción de gafas de sol se inspiraba en figuras bien conocidas. En los años 50 estaba claro que este tipo de gafas había llegado para quedarse, y su éxito quedó definitivamente garantizado cuando Edwin H. Land inventó un material para polarizar los cristales. Como curiosidad, ese material fue usado también para producir películas en 3D.

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